Mi perro juega con su popó y lo pisa, ¿qué hago?

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Muchos perretes tienen una relación con su popó o heces que es bastante insana. Algunos se la comen, otros juegan con ella, la pisan, la huelen e incluso la esconden. Como sus cuidadores hemos de entender por qué lo hacen, cómo reaccionar, cómo impedir que lo hagan y qué alternativas podemos ofrecerle a estos juegos con sus heces.

Los perretes suelen jugar con su popó cuando son cachorros, siendo un comportamiento que va desapareciendo con los años, sin embargo, si esto es así y es algo que se cura solo, ¿por qué tenemos que ponerle freno? ¿Cómo? ¿Qué consecuencias tiene para un perrito llevar sus patas y su hocico a un excremento propio y ajeno? De todo eso hablaremos a continuación. Recuerda que puedes dejar una consulta a nuestros veterinarios en Barkibu siempre que lo necesites. Contamos también con etólogos expertos en el comportamiento de cachorros.

¿Por qué los perros juegan con sus caquitas?

Esta es la pregunta del millón, y tiene varias respuestas. En el interior de sus cacas, de las de las palomas o de los gatos (que suelen ser sus popós favoritas) suele encontrarse algún resto de alimento sin digerir. El alimento de los gatos suele ser de mejor calidad que el de los perros, por eso también van a por ellos. El olfato los lleva a sus heces y a toquetearlos para comprobar si les merece la pena comérselos o no.

Ahí empieza el juego, que puede consistir en lamer el popó, agitarlo o mirarlo. Incluso hay algunos que se revuelcan en sus heces. Otro motivo, habitual si el cachorro ha permanecido mucho tiempo con su mami, es que ella le retirará con sus fauces las heces de su alrededor, por lo que él ha aprendido ese comportamiento. En algunos casos de perros especialmente curiosos, simplemente van hacia estas heces porque les llama la atención y quieren saber lo que es.

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¿Cuál es el problema de que un perro juegue con el popó?

Los problemas son muchísimos. Para empezar, tienes que entender que el sistema digestivo del perro no es el mejor del mundo. Sus intestinos tienen una longitud menor a la nuestra, por lo que no pueden procesar bien todos los alimentos. Aunque pensemos que son omnívoros, en realidad son carnívoros que tienen tolerancia a otro tipo de alimentos, una cualidad que han aprendido a desarrollar viviendo al lado de los humanos.

Por culpa de esto, si se come una hez, es muy posible que le sienta mal. En este caso podemos estar hablando de una gastritis o de una irritación. Un perro reacciona a este malestar de dos formas: vomitando o teniendo diarrea. Los perros no son tontos. Ellos exploran el entorno con su boca, no con sus manos, por lo que necesitan una forma de quitarse de encima lo que les resulte tóxico y evitar una irritación. Por eso tienen una mejor capacidad de vomitar que nosotros y lo hacen casi cuando lo necesitan.

Sin embargo, eso también les hace vomitar mucho si en efecto están malitos o tienen diarrea. El problema es que los perros no son animales muy corpulentos y una expulsión grande de líquidos de esta forma podría provocarles deshidratación, y, en casos extremos, la muerte. Esto no quiere decir que si come caca se va a morir, pero sí que puede sufrir daños si le sienta mal.

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En las heces de los perros puede haber virus

Un problema incluso más importante es que en esas cacas puede haber virus y bacterias que, en este caso, sí es posible que sean letales para los perretes. El que más has de temer es el del parvovirus. Si se traga una caca con el virus de la parvovirosis, este podría alojarse en su estómago, provocarle vómitos y diarreas con sangre tan fuertes que podrían matarlo.

Por todo ello, tienes que enseñarle a que deje este comportamiento. El método que mejor funciona es aprendiendo a decir que no sin dar explicaciones, con tirones secos pero no bruscos de la correa y premiándole con una golosina natural y sana cuando decide no meter los dientes en la caca. Al principio te costará, tendrás que apartarlo más, pero poco a poco acabará entendiendo que le compensa más rechazar el excremento y aceptar tu alimento que comerse la cacola.

Eso sí, siempre que tengas un cachorro y lo saques de paseo, tenlo bajo vigilancia durante los primeros seis meses, pues son los más duros para su sistema inmune todavía en formación. ¡Mucho ánimo!